El pasado 14 de diciembre Chile tomó una decisión democrática respecto de quién gobernará durante los próximos cuatro años. Como organización estudiantil, reconocemos la legitimidad de ese resultado. Al mismo tiempo, afirmamos con claridad que la democracia no termina en las urnas: elegir autoridades no significa renunciar a la vigilancia, la organización ni la crítica.
Este desenlace no es un fenómeno aislado, sino el síntoma de una fractura social profunda. La desconexión entre la política y la vida cotidiana ha permitido que la incertidumbre, el miedo y la desinformación ganen espacio en el debate público. Este escenario exige reflexión, pero también acción responsable y consciente.
Como Mesa Ejecutiva de la CONFECh, nos declaramos en estado de alerta frente a proyectos políticos que ponen en riesgo derechos fundamentales conquistados con años de organización social: la educación pública, gratuita y de calidad; la equidad de género; el respeto irrestricto a los derechos humanos y la memoria histórica. Estas no son consignas, sino condiciones mínimas para una sociedad justa.
El momento actual exige mayor compromiso. No podemos normalizar la indiferencia ni la desinformación. Hacemos un llamado a las federaciones, centros de estudiantes y al conjunto del estudiantado de Chile a informarse críticamente, participar en sus espacios estudiantiles y transformar la preocupación individual en organización colectiva.
El movimiento estudiantil tiene memoria y responsabilidad histórica. Ha sido, y seguirá siendo, un actor clave en la defensa de los derechos sociales y en la ampliación de la democracia. No permitiremos retrocesos en conquistas construidas con décadas de lucha.
A las y los estudiantes de Chile: manténganse informados, articulados y unidos. El futuro no está escrito por otros; se construye con participación y organización hoy. Frente a la incertidumbre, nuestra respuesta será más democracia, más comunidad y más movimiento estudiantil.